martes, 10 de mayo de 2011

Manual de Filosofía Barata. Capítulo I.

El Lunes empiezo.


 Es imposible determinar cuantas veces lo dijo. Hace ya varios Lunes que reniega su condición y se maldice una y otra vez por su desidia. Lo cierto es que no tolera esa situación. Se dice a si mismo que no puede continuar así, que debe hacer algo para cambiar "porque esto no da para más". Pero sigue así, Lunes tras Lunes.
Entonces, ¿qué ocurre? ¿que demonios lo detiene? ¿por qué no se decide de una buena vez a actuar?
La primer respuesta en llegar suele ser la más aceptada por la sociedad, "es un vago", "tiene poca voluntad", "le falta determinación", "es medio idiota", entre otras que no serán reproducidas por ser soeces. Generalmente, esta respuesta primeriza suele acertar en la mayoría de los casos a estudiar, pero, particularmente, no resuelve su situación.
Él no es vago, siempre se caracterizó por ser activo, estructurado y determinado, además del hecho de que siempre se despegaba del resto en la mayoría de los ámbitos lectivos.

No le agrada, jamás le gustó, por eso no comienza de una vez. Es un buen pretexto para su inacción, mas no es cierto. Ama lo que hace, realmente le gusta y lo apasiona.
¿Ama lo que hace? ¿Realmente le gusta y lo apasiona? ¿Cómo lo sabe? No lo sabe.
Comienza la duda, el cuestionamiento. ¿Es eso lo que verdaderamente debe empezar el Lunes?
Se responde a sí mismo afirmando que sí, que por algo lo eligió. Cree recordarlo, intenta volver a apasionarse, pero la duda es mayor. Ya no está seguro de sí mismo, de sus percepciones, de sus recuerdos. No sabe si lo que sintió efectivamente fue, o simplemente vivió un espejismo.

Comienza. Comienza a cuestinarse el por qué de ciertas cosas, y mientras piensa, recapacita, crea teorías, re-ve el plano mental de su vida basado en la estructura que, previamente había confeccionado en base a los pensamientos, sensaciones y sentimientos que ahora entiende como errantes y confusos.
Cree obtener un concepto del error, la anomalía que le impide continuar con el plan, esa misma que no lo deja comenzar, que Lunes tras Lunes lo inmoviliza.
Pero luego lo refuta, se da cuenta de lo absurdo que resulta. Se ve inmerso en un océano de sin sentidos, razones que no son tales, juicios infundados.
Decide que es todo un absurdo, no puede ser todo demasiado complejo. Se dice a sí mismo "es mucho más simple". Luego recuerda que simple y fácil no son sinónimos, y jura que esta vez, verdaderamente lo hará, que será en serio, la definitiva.

El tiempo inexorable y tirano transcurre. Ya es Domingo, mañana será Lunes. Él lo sabe, y un gran peso recae en regazo. Nuevamente experimenta las mismas sensaciones, sentimientos encontrados, por un lado esa fuerza interior que lo alienta, por el otro lado ese freno invisible e inexplicable lo detiene. Lo paraliza, lo apega a la inacción.
Sabe que está mal, porque así se lo inculcaron. Intenta refutar la idea de lo moralmente válido, pero en el fondo sabe que está fallando, así lo siente.
Mas la noche ya esta entrando por la ventana, es hora de descansar, apagar por un breve lapso su neurosis. Debe estar bien para mañana, pues mañana será Lunes; mañana empieza.

¿Quien no ha experimentado una situación similar a lo largo de su vida? Desde posponer una tarea domiciliaria de la escuela, a un plan de dieta, de estudios, laboral, y hasta incluso sentimental. Quizá este último haya sido el que todos alguna vez hayamos vivido. Dejando para mañana eso que debemos hacer hoy. Posponiéndolo. "Mañana se lo digo, le confieso cuanto la quiero."
Innumerables son las veces que hemos pospuesto cosas por  diversas razones. Innumerables veces nos hemos arrepentido de posponer ciertas cosas. Miedos, desidia, vagancia, hastío, apatía, aburrimiento, suelen ser nuestras excusas para la inacción.
Pero, ¿que es lo que sucede cuando la inacción nos priva de realizar las cosas que anhelamos?
Malgastamos el tiempo, y luego aparece el remordimiento por haber malgastado algo que jamas podremos recuperar.
Por eso mi estimado lector, mi estimada lectora, le grito a los cuatro vientos que no se detenga (a menos, claro está que su deseo sea detenerse), no justifique más su inacción, siga adelante con lo que más quiere y disfrute, que la vida está acotada; y por si fuera poco, usted desconoce cual es su cota superior.

Postdata: este capítulo fue escrito mientras pospuse mi asistencia a una clase de introducción a la contabilidad, relegando aun más mis posibilidades de ascender en mi carrera.

6 comentarios:

f dijo...

procrastinar.
linda palabrita.
quizás, mi estimado, lo que lo frena (nos frena) es la búsqueda de la perfección.
la manera perfecta, el momento perfecto, la obra perfecta...
maníacos obsesivos.

en fin.
será eso, o todo lo contrario.

salú!
y buena vida...
f

ps: o será que soy un pelotudo, nomás...

Sophie dijo...

te odio :(
pero tenés razón :(
igual :(

Bagre De Acero dijo...

Iba a dejar un comentario lúcido e ingenioso, pero bué...

El lunes empiezo.

Detaquito dijo...

f:

No se por que me inclino por lo ultimo :P

Detaquito dijo...

Sophie:

Me encantaría poder lo mismo, pero sucede que reservo el odio para cosas mas importantes :P

Detaquito dijo...

Bagre de Acero:

Usted si que sabe.
Bienvenido!