jueves, 6 de junio de 2013

Pocillos vacíos.

Una tenue brisa otoñal invadió el vetusto bar del Pocho. Ya eran más de las siete de la tarde de aquél Jueves de Abril. La tertulia, como de costumbre, había terminado y solo quedábamos Rosiello, Salas, Pocho, y quien suscribe, junto a unos pocillos vacíos y restos de puchos en la mesa del Conde (así le decíamos a Rosiello, que insistía abnegadamente en hacernos creer que perteneció a la nobleza italiana, habiendo heredando el título de "Conde di Potenza".)
Pese a la prohibición estatal, en el bar del Pocho aun se sigue fumando, solo los contertulios asiduos tienen tal concesión; aunque a decir verdad, Pocho ya está grande y cualquiera le fuma en donde se le cante. 

Foto robada de aquí
El primero en llegar fue Horacio, el barajador. Él no sabe nada de truco, no entiende el juego ni le gusta, pero por unas grappas o cañas nos hace de barajador. Siempre se presenta puntual, esperando la clásica medida de bienvenida, algo así como una especie de presentismo.
Unos minutos más tarde llegaron dos jugadores más, venían juntos, como de costumbre. 

El flaco Jesús bromeó al entrar "disculpen muchachos, saben que con esto de la eternidad, la puntualidad es un concepto irrisorio" a lo que su compañero de juego retrucó -mientras se sacaba la capa- "Si, en realidad él quería resucitar a los cinco minutos, pa' dejar a todos con el culo a dos manos, ¡pero también se le pasó y terminó haciéndolo tres días después en una cueva cagada!" 
"La puta que te parió, tiznao" le respondió el flaco al diablo, entre carcajadas.

La espera por los demás jugadores fue muy amena, al igual que todos los Jueves. Entre humoradas, grappas, cañas y puchos, cada uno fue tomando su lugar. Pocho, desde el mostrador, llamó a Horacio para hacerle entrega de los cascados mazos de cartas tatú. 
"A ver si cambiás las cartas, amarrete" le gritó Salas a Pocho, pero un "Pagá lo que debés, atorrante" le dio vuelta la tortilla. Alguien rió.

"Arrancamo' así" dijo Salas, "total estos no se sabe a que hora pueden caer". 
"Y bueno, dale si te pinta" respondió el flaco Jesús, y agregó "che, tiznao, ¡traete unas grappitas que arrancamo'!"
"¿Tiramos reyes para saber quién es con quién, o seguimos con las parejas de las semana pasada?" pregunté. "No, seguimo' las mismas que esta vez les vamo' a romper el ojete" replicó el diablo.

El juego comenzó.

8 comentarios:

andal13 dijo...

A la pucha.

Detaquito dijo...

No estoy seguro de qué quisiste decir, pero gracias por el comentario, querida profesora!

Detaquito dijo...

Ah, quizá usted conoció el bar del Pocho... Es factible, historias que quedaron en esas mesas, y que no conocí, ni conoceré.-

andal13 dijo...

Quise decir eso que dije. "A la gran flauta" hubiera servido igual.

Digamos que me impresionó el relato.
Gratamente.

f dijo...

entre el flaco y el tiznao nos van a romper el ojo.
ya lo decía carlitos, la religión es el opio de los pueblos, y se chutaba una cucharita recalentá en la vena izquierda.
después se mesaba a barba y escribía no se que cosas de plusvalía y la clase obrera...
pensar que todo lo hubiera podido arreglar con un par de buenas piezas bien jugadas en el bar del pocho...

Detaquito dijo...

Jajaja, f, ¡la pucha que vale la pena estar vivo! " y se chutaba una cucharita recalentá en la vena izquierda."

Sin dudas, dicen que la partida no terminó, aun.

f dijo...

lo de izquierda fué la purita casualidá.

Detaquito dijo...

No le creo f.