miércoles, 24 de abril de 2013

Luz de Luna

Shhhhhh, alcancé a susurrar, nada más que eso. Pero ella insistía en continuar la charla, quizá por mi siliencio, que al igual que el de Salzman, era mal interpretado, yo no me mantenía callado para darle paso a sus tediosas historias, o por respeto, a decir verdad no me interesaba en aboluto escucharla. 

Sin embargo, desde su boca las palabras se sucedían una atrás de la otra, sin convenientes, y necesarias, pausas, como una diarrea verbal.
A esa altura, imaginarme escena de una diarrea no era lo mejor que me podía pasar, las malas asociaciones siempre fueron mi fuerte. 

Empecé a apurar el paso en señal de mi descontento, y también con la estúpida esperanza de que su locuacidad cediera ante el inmenso y acogedor silencio, mas no por cortesía a la soberbia escena nocturna que nos acogía, sino por el indecoroso motivo del esfuerzo físico realizado al intentar seguir mi marcha. 


Por unos minutos fue peor de lo que imaginaba, a medida que aumentaba mi ritmo, la intensidad del diálogo (que desde varios minutos atrás ya era un monólogo) que sostenía era mayor, manteniendo una especie de sincronización entre el andar y el caudal de palabras que su boca escupía. 

Hasta que por fin ocurrió, me agarró del brazo y me preguntó, "¿qué pasa que vamos tan apurados?"  
Nada, me di cuenta de que no te quiero. Respondí.
Entonces ella se fue, me dejó solo, caminando hacia la oscuridad, en el más absoluto silencio, bajo una tenue luz de luna.
Desde aquella vez jamás volví a caminar junto a la muerte.

miércoles, 10 de abril de 2013

μ Mem (Ahora II)

Nota: esta confesión fue escrita para Z-0, y es de las pocas cosas que me atrevo a hacer públicas de ese rincón de bits tan personal e íntimo. Sucede que los cíclos, a menudo, resultan más cortos de lo que uno puede imaginar... Sin presagio de tormenta, ayer, fue una linda noche.

 

2011- Principios de Setiembre.

Linda noche.
Me vi obligado a salir. Culminado el encuentro que suscitó mi salida, me encontré caminando solo, de regreso a casa. Ciertamente estaba fresco, pero agradable. Algo extraño, tanto como yo.
Pude percibir una tormenta aproximándose. Quizá por causa del viento que resoplaba con intensidad agitando las frondosas copas de las Tipas Blancas, ó tal vez la Luna asomando entre un halo de ligeras nubes que desgarraban un abrumador cielo nocturno. No sentí electricidad en el aire, pero percibí la llegada de un temporal.
¿Acaso será por mi admiración por las tormentas eléctricas?
Lo desconozco.

Linda noche. 
Tal vez, más linda aun sin la -por momentos- agobiante soledad que -irónicamente- caminaba junto a mi.
Caminé a merced de mis pensamientos. Dimes y diretes personales, zonales, zonales; que me apabullan cuestionándome a cada paso mis ideas, pesares, pareceres, acciones.

Entonces sucedió, cómo por arte de magia levanté mi cabeza al cielo y, por un rato, fui más solo que nunca. Dejé mis pensamientos y me limité a disfrutar. Después de todo, era una linda noche.


Gracias por leer.
Danilo.