martes, 18 de octubre de 2016

Brutalmente honesto.

Hace años me topé con una muy interesante película de una gran actor, humorista y guionista llamado Ricky Gervais (el gordito simpaticón que conquistó a todos con su humor ácido en los Golden Globe Awards) La película se llamaba The Invention of Lying y acá fue traducida como "la mentira original" (dentro de lo que hemos visto en materia de traducciones, es algo muy decente). El film planteaba un mundo (o universo) alterno en el que no existía la mentira, y por consiguiente la ficción. Todo lo que decían los protagonistas de la película era la verdad, pura, cruda sin filtros.  
El argumento es realmente notable, la película en sí misma no tanto. 
Si a esa interesante idea le sumamos el libro de Tony de la Torre "Dr. House - Guía para la vida" (no lo recomiendo) obtenemos una muy exquisita conjunción de conceptos, y la pregunta sobresaliente es ¿cómo sería una zoociedad que no se guarde nada al declarar, una zoociedad que sea siempre BRUTALMENTE HONESTA?

Cada tanto hago ese ejercicio -para perderme un poco en el tiempo y jugar al razonamiento- y los resultados que obtengo son siempre terribles, más allá de lo hipotético del planteo. Intentaré explicarme:

Imagine usted, querido lector, lectora u otro, que por un momento (quizá un día)  la humanidad toda tiene el derecho de ser brutalmente honesta. Pongamos un ejemplo cotidiano, tomamos un omnibus, pagamos el boleto y a las 4 paradas se sube a cantar un hombre que lo hace realmente mal. Como estámos en el día que podemos ser brutalmente honestos le contestamos lo que en realidad pensamos "flaco, cantás horrible, por favor pará y bajate, que yo pagué mi boleto para viajar en paz." Esta afirmación resulta por lo menos dura. A mi gusto es una  vivencia terrible.
Este ejemplo es una situación cotidiana y pasajera que quizá en secreto hemos pensado.  
Ahora bien, ¿qué sucede con nuestros secretos que escapan a la cotideaneidad? Aquellos que no son pasajeros, esos que hemos enterrado en lo más profundo de nuestra memoria.
Particularmente me resulta algo abrumador pensar en eso, la honestidad brutal es demasiado bruta.

Este tema lo plantee en varios foros y en todos obtuve la misma respuesta con palabras diferentes: NO ESTAMOS PREPARADOS para ser brutalmente honestos. 
Igualmente, hay personas que se acercan más que otras a esa realidad. Secretamente admiro a esas personas que mantienen su caracter y que convencidas de lo que son respetan eso y se muestran firmes con sus valores, acercándose tímidamente a la honestidad brutal. Aquellos que saben cuales son sus valores y obran en consecuencia. Aquellos que dicen al mundo sin tapujos sus pensares y pareceres, ellos son eso, integridad pura, de esa que yo no se si tengo.

1 comentario:

f dijo...

integridad...
integridad...??
me suena...
algunos la tienen, si.
otros somos mortales...