domingo, 2 de octubre de 2016

Noches sin estrellas.

Ochenta y un años, esa es la edad actual de mi abuela. Hija de una época muy distante a la actual, criada en un mundo que ya no existe. Llena de valores vetustos, tradiciones obsoletas, pensamientos e ideas anticuadas. Llena de pasado. Esclava de su historia.
Es difícil explicar, transmitir en palabras, lo que ha sido mi relación con Nelly. Sin embargo hay una sola palabra que retumba en mi cabeza cuando pienso en ello: NORMAL. Si hay algo que seguro está ausente en mis relaciones familiares es la normalidad. El estereotipo de normalidad, ese que nos venden en el supermercado, ese que tanto ansiamos y el que entendemos que es el estándar con el cual debemos manejarnos. Nunca podré decir que mi relación con Nelly ha sido normal.

Como adver Nelly es esclava de su historia, con una vida dura, complicada desde su adolescencia en la pobreza de los años 40, con una madre que murió demasiado temprano y un padre de ascendencia Yugoslava, hijo de inmigrantes que querían escapar de la miseria y el dolor imperante en aquél viejo continente que los vio nacer. Imagino que no fue fácil su infancia

Ya hecha una señorita - a sus veintidós años- se emancipa y decide ir a vivir con su esposo, quien a la postre sería mi abuelo, Don Aquilino Martínez Cabrera. Eran otros tiempos, veintidós años y casada, fuera de su familia, en pleno año 57. Le tocarían años de infelicidad conviviendo con su suegra a la que acompañó hasta la muerte, al igual que como lo hizo con su madre. La vieja Esther, mi bisabuela, nunca la conocí, murió siendo cuidada únicamente por Nelly, padeciendo una grave demencia senil. Debieron ser años duros.

En el 59 nació mi madre. Imagino que habrá significado mucha alegría para un corazón que ya venía muy maltratado. En aquella época la situación social, cultural, política y económica del pais y del mundo distaban bastante de la actual. 
Catorce años más tarde, un veintisiete de Junio de 1973 se escribe en Uruguay una de las páginas más negras de la corta historia del país, el golpe militar.
Toda una década destrozada y más de 4 generaciones afectadas de forma irreparable. No fueron únicamente las generaciones jóvenes las perjudicadas, la que ya estaban, las que venían de antes, esas también la sufrieron. Quizás muchas personas de esas generaciones previas a la dictadura, como la de mi abuela, nunca logren comprender que tanto fueron afectadas.

Ya en el año noventa, después de varias vivencias muy intensas con Loreley (su hija, mi madre) nacía su primer nieto. En mi infancia temprana fui criado por Nelly. Tengo recuerdos buenos y también de los otros. Durante años juzgué -sin entender el pasado- varias de sus actitudes, de sus conductas. Aun hoy sigo sin entender otras tantas. Es el problema de pertenecer a mundos diferentes, jamás lograré comprender el sentir de una historia que no viví.

Hoy con la vieja ya achacada, sola y perpetuamente triste es que se me cae una lágrima a escribir este texto. Es que Nelly ya está grande, y se nota. Ha empezado ese terrible espiral descendente. Ese que te degenera de una forma terrible. Que te hace perder tus facultades más básicas. Aun puede valerse por si misma para subsitir, pero sé que es cuestión de tiempo para que sea totalemente dependiente. Eso me aburma. 
Me abruma porque es una existencia terrible. No es digna de ningún ser humano. 

Por esto que digo, abuela, por estas palabras que escribo ahora, en mi casa, en mi cuarto, por estas palabras que no vas a leer jamás, porque ya no podés leer, por estas palabras que si te las digo, tampoco alcanzarás a comprender, por esto es que me duele saber.
Me duele estar con vos, ver que esa nefasta visión del mundo que tenés y que me abruma, ese pesimismo fruto de una vida complidada, y que la vejez -la puta vejez- se ha encargado de incrementar. Es doble la tristeza
Claro que te entiendo, claro que sé muy bien lo difícil y angustiante que es para vos no poder ver, no poder escuchar, no poder moverte bien, no poder recordar. Lo sé. Lo sé muy bien. Mis palabras no son producto de la incompresión, no creas que para mi es fácil decir que sos afortundada por estar viva, por tener a dos nietos que te quieren muchísimo, por decirte esas verdades para intentar minimizar tu dolor.
Lo sé y te comprendo. Trato de no aceptarlo, es demasiado triste para mi. Demasiado dolor, demasiada soledad. No me explico como hace tu corazón para seguir bancando tanta angustia, tantos años


2 comentarios:

f dijo...

quizás por eso, deta.
quizás aguanta porque todo tiempo pasado fue peor...
y estamos acostumbrados a aguantar.
a poner el pecho, apretar los dientes, y seguir adelante.
césar vallejo, en su gran pesimismo, decia:
"me gustará la vida, así sea de barriga..."
(será una expresión peruana para decir arrastrado por el piso...)
abrazo, don deta, lo peor, como usted dice, está por venir, para los que están alrededor...
f

pd: "de perto ninguém é normal"

Detaquito dijo...

Gracias f. Si alguien tenía que comentar esta entrada, ese era usted, mi querido f.
Es extraño que internet nos habra así de esta manera a anónimos -que ya no lo son- y nos haga confiarles los sentimientos más profundos.
Me alegra muchísimo que siga ahí y que cada tanto, como otros amigos que blogger me ha dado, me rescate.

Abrazo, f.